Walt Whitman
¡Oh, mi yo! ¡Oh, vida!, de sus preguntas que vuelven,
Del desfile interminable de los desleales,
De las ciudades llenas de necios,
De mí mismo, que me reprocho siempre
(pues, ¿quién es más necio que yo, ni más desleal?),
De los ojos que en vano ansían la luz,
De los objetos despreciables,
De la lucha siempre renovada,
De los malos resultados de todo,
De las multitudes afanosas y sórdidas que me rodean,
De los años vacíos e inútiles de los demás,
Yo entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡oh, mi yo!, la pregunta triste que vuelve –
¿qué de bueno hay en medio de estas cosas, oh, mi yo, oh, vida?
Respuesta
Que estás aquí ,
Que existen la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama,
Y que puedes contribuir con un verso.
Estos son en verdad
los pensamientos de los hombres de todas las épocas y de todos los países:
no son mis pensamientos originales,
Y si no fuesen igualmente tus pensamientos, no valdrían nada, o casi nada,
Si no son el enigma y la solución del enigma, no valen nada,
Si no son cercanos y remotos al mismo tiempo, no valen nada,
Esta es la hierba que brota dondequiera que hay tierra y dondequiera que hay
agua,
Este es el aire común que baña al globo.